Un paseo por Florencia

En el mundo existen algunas ciudades que parecen tocadas por una varita mágica. No se trata sólo de que reúnan una parte importante de la historia del hombre o de sus expresiones culturales y artísticas, sino que seducen tan sólo verlas. Florencia, Cuzco o Roma, por poner sólo tres ejemplos, son lugares en los que el visitante se encuentra a gusto caminando entre sus calles. No es necesario  mucho más para disfrutar de la ciudad.
Con estas premisas la manera más adecuada de empezar una visita a Florencia, es comprarse  un helado en cualquiera de las heladerías de la plaza de la Signoria y caminar por la plaza que junto al Ponte Vecchio constituyen el centro neurálgico de la ciudad. 

Los Grandes Duques de Toscana

Florencia fue fundada a orillas del río Arno alrededor del siglo I  a de C. A partir de la época carolingia empezó a cobrar peso, aunque fue en el  siglo XV con la influencia de los Médicis –los Grandes Duques de Florencia– cuando alcanzó su máximo esplendor. 
El Palacio Vecchio en la plaza de la Signoria es el edificio civil más importante de la ciudad. En el exterior de la plaza de la Signoria se encuentra la Loggia de los Lanzi donde se exponen auténticas obras de arte. El Perseo de Benevenuto Cellini fue realizado alrededor de 1540 y es una de las esculturas más hermosas del Renacimiento.
Desde aquí, en dirección al río Arno se pasa por el debajo de la galería de los Uffici –una visita permite admirar obras de maestros como Giotto, el Beato Angélico o Leonardo– y se va  parar al ponte Vecchio, otro de los escenarios más bellos de Florencia. En las calles de los alrededores del puente se encuentran las tiendas de orfebres siempre repletas de visitantes y curiosos. 

El Duomo, Santa María del Fiore

Santa María del Fiore, la catedral gótica de Florencia fue proyectada por Arnolfo di Cambio en 1296. La cúpula de Brunelleschi se completó en 1436. La fachada fue acabada en el siglo XIX, mientras que el campanario fue proyectado por Giotto en 1334 y se recubrió con mármol blanco, verde y rojo. Este conjunto emplazado en la llamada plaza del Duomo es otro de los principales atractivos de Florencia
Unas empinadas escaleras  transcurren por el interior de la cúpula de la catedral de Santa Maria del Fiori Duomo y permiten acceder a la parte superior y ver desde allí la ciudad. 
Enumerar aquí las miles posibilidades de Florencia resulta imposible. La casa de Dante, la galería de los Uffici, el panteón de los Médicis, los palacios Strozzi, Ferroni Spini, Pitti, degli Afferi, las iglesias de Santa Maria Novella, San Lorenzo, San Marcos, San Marcos, de la Annunziata, la galería Rucellai, el cenáculo de Santa Apollonia, la sinagoga o el jardín de Boboli son tan sólo una pequeña muestra de las múltiples posibilidades que ofrece Florencia. Tres días  de estancia suponen sólo un  pedacito del inmenso pastel. Sobre todo por esa sensación narrada al principio que permite disfrutar de la atmósfera de la ciudad. No hay prisa, o al menos así debería ser, porque Florencia entra lentamente por la vista mientras se pasea entre plazas y callejuelas.  

Al atardecer, la ciudad respira una aire joven –el ambiente universitario se palpa en la atmósfera– y es hora de acudir a alguna de las trattorías  y degustar una bistecca acompañada de un buen Chanti, el vino toscano por antonomasia. La noche puede acabar en cualquiera de los locales alrededor de la plaza de la Signoria donde el buen ambiente se mantiene hasta altas horas de la madrugada. 
Al otro lado del río Arno se encuentra  la plaza Michelangelo, desde donde se disfruta de una excelente vista sobre Florencia. La mejor hora para ir a la plaza Michelangelo,  es poco antes de la puesta de sol, cuando cientos de visitantes pasean por sus alrededores. Un buen lugar para descansar la vista, disfrutar de Florencia y hacer nuevos amigos. 

INFORMACIÓN
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